JORGE LUIS ORTEGA
En un país donde la infraestructura muchas veces llega tarde o queda a medias, la decisión del
Ministerio de Transportes y Comunicaciones de impulsar la construcción de la vía de acceso al
Aeropuerto Internacional de Chinchero mediante el mecanismo Obras por Impuestos representa
mucho más que asfalto y señalización: es una apuesta concreta por la competitividad, la inclusión y el
desarrollo regional.

La cifra —S/ 443.8 millones— no es sólo un número en un expediente presupuestal; es un
capital que se traduce en tiempo recuperado para miles de personas, en seguridad para quienes
transitan a diario y en oportunidades para quienes dependen del turismo y del comercio. Mejorar la
conexión vial hacia Chinchero significa acercar a más de 67 mil habitantes a servicios, mercados y
empleos que hasta ahora quedan fragmentados por barreras geográficas. Es, en suma, materializar la
promesa de un país más integrado.
Obras por Impuestos, bien gestionadas, muestran su mayor virtud justamente en eso:
convierten recursos del sector privado en obras públicas prioritarias sin esperar la lenta maquinaria
administrativa. Cuando la inversión se orienta hacia proyectos con impacto social y económico directo
—como la vía de acceso al aeropuerto— los beneficios son múltiples y acumulativos. Una carretera
segura y eficiente reduce costos logísticos, hace más competitivo al destino turístico y posibilita el
surgimiento de cadenas productivas locales; eso impulsa el empleo formal y mejora la calidad de vida
de comunidades aledañas.
Hay, por supuesto, desafíos que este tipo de iniciativas deben cuidar con rigor: planificación
ambiental sensible, transparencia en la contratación, supervisión técnica constante y mecanismos que
garanticen que las comunidades locales sean participantes activos, no espectadores. Sin esos checks,
cualquier proyecto corre el riesgo de generar infraestructura sin sostenibilidad o ventajas concentradas
en unos pocos. Pero nada impide que se haga bien: al contrario, la combinación de inversión privada,
supervisión pública y demanda ciudadana puede convertirse en la fórmula para proyectos que
perduren y beneficien a generaciones.

Mirar al Cusco como una alternativa real y fructífera no es mera retórica; es reconocer su
potencial como nodo turístico y económico. Mejorar el acceso al aeropuerto de Chinchero es, a la vez,
una mejora para los visitantes y una infraestructura estratégica para empresas locales, artesanos,
agricultores y emprendedores que necesitan conectividad para crecer. Es una inversión que puede
multiplicar retornos: mayor actividad turística, más inversión en servicios, generación de empleo y, con
ello, ingresos municipales y regionales que se reinviertan en educación, salud y conservación cultural.
En definitiva, el proyecto de la vía de acceso a Chinchero, financiado mediante Obras por
Impuestos, ofrece una alternativa tangible para que la inversión privada se traduzca en bienestar
público. Si acompañamos esta iniciativa con exigencia ciudadana, transparencia y enfoque territorial,
no sólo estaremos inaugurando kilómetros de carretera: estaremos abriendo rutas de progreso para
el Cusco y revalidando la convicción de que las inversiones inteligentes sí transforman realidades.

